viernes, 17 de julio de 2009

¡JUSTICIA! 15º aniversario del Atentado a la AMIA


Se trata, si, de un asunto de justicia. Pero también tiene mucho que ver con la educación. Han pasado quince años y no existe condena alguna hacia los autores del brutal atentado perpetrado contra todos los argentinos en la sede de AMIA. Y como lo he hecho en años anteriores cuando se acerca esta dolorosa fecha, quisiera hoy ofrecer algunas pistas para que podamos pensar juntos en el lugar de los educadores ante la violencia y ante las distintas violencias que en esta situación pueden reconocerse. ¿Por qué me refiero a distintas violencias? Porque a la violencia que mata a inocentes para infundir terror en la sociedad, debe sumarse la que surge de tres lustros sin justicia.

Pueden ensayarse varias respuestas. Una muy rápida - y disfrazada de revisión histórica progresista - sería creer que porque Sarmiento alguna vez escribió cosas como que “no debe ahorrarse sangre de gauchos”, seguramente residiría en el centro de su pensamiento un carácter xenófobo que vería con aprobación el terrorismo de estos tiempos. Me apresuro a exponer y a problematizar esta idea, ya que me he tomado el trabajo de estudiar la obra de Sarmiento y creo que su a veces ciego afán de “progreso” - que en efecto lo llevó muchas veces a ver barbarie allí donde sólo había diversidad - no predominaba por sobre su humanismo. Hubo, si en su época hombres con mayor sensibilidad que él hacia lo que siglos más tarde llamaríamos diversidad, pero probablemente no hubo quien como Sarmiento aplicara sistemáticamente sus principios humanistas al diseño de un sistema de educación, con resultados más que significativos.

Incluso como militar sostenía este credo, que puede encontrarse en innúmeras citas; sólo a modo de ejemplo, en Recuerdos de provincia afirma que “también los enemigos son relaciones sociales, y jamás he herido a ninguno en su honor”. Y así como desde esta cómoda era de United Nations y History Channel se lo puede acusar de racista, también podemos recordar que fue en su pensamiento que se inspiró una decisión histórica elocuente: que nuestra escuela sea gratuita, laica y obligatoria.

Ahora bien, en su concepción la civilización es lo que se opone a la barbarie. Sin embargo, la oposición es engañosa como analizador del atentado como de cualquier otra aberración del siglo XX (el Holocausto, la bomba en Hiroyima o los hechos del terrorismo de Estado en nuestro país) pues nos encontramos con barbaries bien incrustadas dentro de lo que cotidianamente percibimos como un ámbito civilizado. ¿Cómo superar esta paradoja?

Creo que como educadores la pregunta oportuna que debemos formular es ¿Qué hay de enseñable acerca de esas barbaries interiores que habitan nuestra sociedad y nuestras instituciones? Por eso me interesa más lo que pueda haber de insensible y arbitrario en nuestros propios sistemas administrativos y burocráticos de las escuelas, que en las citas históricas. ¿Cuánto nos ayudan o nos limitan? ¿Cuánto tienen que ver nuestras burocracias con la matriz administrativa (que es también una matriz lógica) que contribuye hoy a la falta de justicia sobre el atentado a la AMIA? La barbarie interior reside, también, en temas tan próximos como revisar cuánto poder cedemos a la burocracia en las escuelas.

Los años transcurridos desde el atentado a la AMIA deben invitarnos como educadores a redoblar nuestra función de actores de la justicia educativa, enseñando todo lo que enseñamos desde la perspectiva de los más desfavorecidos, seleccionando perspectivas de enseñanza socialmente comprometidas y tomándole puntualmente lista, cada día, a los derechos humanos.

Mariano Narodowski

6 comentarios:

Anónimo 17 de julio de 2009, 23:11  

tenès razòn Mariano, en este pasìs de mierda no hay justicia

Anónimo 18 de julio de 2009, 17:26  

muy bueno mariano. no dejes de escribir! guardo cada una de tus editoriales de PLURAL y esta bueno que ahora tambien escribas acá.
juan carlos rey, maestro.

Laura 18 de julio de 2009, 21:44  

Gracias, Mariano, por tus palabras. Enseñar la justicia y predicar la libertad: los docentes tenemos un lugar de privilegio para hacerlo.

Lidia 21 de julio de 2009, 21:37  

Maravillosas palabras !!!.Sería interesante ,comenzar a desandar situaciones que alimentan lo insensible y arbitrario ,en lo administrativo y burocratico dentro de el ámbito educativo. Seguramente todos tenemos algo de culpa, quienes lo permitimos ,pero sobre todo, quienes ejecutan.

Anónimo 22 de julio de 2009, 23:20  

Este artículo debió ser publicado en un diario de gran tirada para que los lectores de opiniones valoradas por el público encuentren como yo, este lúcido análisis de las fases de Sarmiento, la síntesis en el tiempo de significados de la palabre barbarie, la comprensión de la dimensión humana de Sarmiento, - el atenuante de la palabra "diversidad" que morigera y explica la oposición controvertible, el horror de la negación del derecho a la vida, y a la validez de la palabra justicia. Es incontestable su relación directa con la educación, que a su vez, es erosionada por esa barbarie interior, una especie de paredón como matriz lógica de acciones donde a veces se la ejecuta. Cuántos proyectos quedan en el camino!! Cuántos atentados letales contra la justicia en las acciones de la burocracia que consume el poder de crear, desarrollar y realizar actos educativos con eje en la educación en valores, en la comprensión del daño que provoca el prejuicio,en las acciones para individualizarlo apenas se manifiesta, en la inmovilización que produce en las relaciones cotidianas. ¿Cómo desmontarlo? Se presenta como módulos mentales rígidos y disparadores de conductas.¿Cuánto tiempo pasará hasta que se produzca el fin de una fase de desarrollo en esta población docente que suele emitir discursos renovadores y actúa conservando estructuras y conductas más que conservadoras, con un concepto de poder que a veces recuerda a un capataz de estancia al estilo de "Miss Mary?". Y digo fase, porque el estancamiento debe terminar.Creo que terminará. Es mi esperanza.Y mi convicción.Y mi ideal. Por favor, siga escribiendo así. Es muy motivante.

Anónimo 30 de julio de 2009, 13:51  

Felicitaciones ser minitro es lo ideal recuperar la justicia y pregonar el respeto