martes, 25 de agosto de 2009

Críticos, reflexivos y creativos

Las cualidades esperadas en un buen docente constituyen una definición consensuada de calidad en el desempeño cuyo contenido se ha ido modificando a lo largo de los años. Entre los rasgos que en nuestros días se exige a los buenos docentes se destacan los que los impulsan a ser críticos, reflexivos y creativos. Quiero entonces invitarlos a pensar juntos acerca del significado y las connotaciones de estas cualidades que en este presente compartido, nos definen como educadores. Y animarnos también a ampliar estas definiciones para que no nos encorseten en el presente, sino que nos proyecten hacia el futuro deseado.

Ser crítico se asocia a la idea de una “pedagogía crítica”, y en términos educativos se interpreta como la posición superadora de las pedagogías “tradicionales”. Remite a la clásica separación entre lo tradicional y lo nuevo, añejada y reinventada generación tras generación, con nuevos nombres y nuevos contenidos cada vez. O sea que el docente crítico, lejos de ser el que critica a los demás, es el que se atreve a revisar la parte enquistada de su propia práctica, para reconocerla mejorable.

Ser reflexivo, por su parte, constituye un ethos profesional. En el trabajo cotidiano con los alumnos, la reflexividad es el uso responsable de los argumentos, la utilización de la información para construir opiniones, el combate al prejuicio, y la capacidad de escuchar y dialogar, sobre todo con aquellos de quienes nos sentimos distantes o diferentes y con quienes en principio no estamos de acuerdo.

Finalmente la creatividad, como función ampliada de la creación, conjuga la acción productiva con el dinamismo, la originalidad y el pensamiento inquieto que sostiene las propuestas renovadoras. Y sobre todo en momentos difíciles, cuando el ingenio y la creatividad son exigencias prioritarias, no es raro que se desplieguen como respuesta espontánea a un problema y que allí en el acto descubramos que las tenemos.

A principios de siglo, por ejemplo, eran consideradas imprescindibles ciertas formas de decoro y recato en las maestras, que hoy estimaríamos absurdas y anacrónicas. Hasta pasada la mitad del siglo, los inspectores vigilaban que en las aulas se hablara de “tu” – es decir, en un español “correcto” – pues existía la convicción de que así se conservaba la pureza del idioma. Y en cada caso, por supuesto, esas valoraciones sobre lo que significaba ser un buen docente se percibieron como adecuadas, progresistas e irremplazables. Por eso es importante, en este tiempo histórico de pedagogías “a la carta”, dedicar alguna reflexión al sentido profundo de nuestra profesión y a los valores sobre los que se sostiene.
Mariano Narodowski

Editorial Publicación Plural N º 31- Ministerio de Educación Ciudad de Buenos Aires

1 comentarios:

Julián Rodriguez Orihuela 25 de agosto de 2009, 15:23  

Como parte del análisis crítico de la realidad que debe poseer el alumno (como así también los profesores, desearía uno...), ¿Qué tal lo de involucrar a un organismo como el Center For Inquiry?

http://www.cfiargentina.org/

Lo planteo como un ejemplo, pero podría ser cualquier otra organización que ayude al pensar correctamente, suprimiendo los prejuicios y analizando la evidencia en todos los campos posibles.